La Santa Troballa

LA SANTA TROBALLA

El punto de partida es 1366 (Siglo XIV). Según cuenta la tradición el inicio del culto y de la veneración de la sagrada figura llega a partir del momento en que una diminuta figura, de apenas 6 cm de altura, es encontrada bajo las glebas de un arado del labrador Perot de Granyana, a los pies de un lledoner. Este labrador trabajaba sus campos de la partida de La Plana, lugar donde, aproximadamente, hoy se encuentra la basílica. El arado se paró al encontrar un obstáculo que detuvo su avance; los animales cesaron sus pasos y se postraron ante el árbol. El agricultor, con extrañeza, rebuscó entre la tierra el obstáculo y recogió lo que en un principio podría ser una piedra. Al observarla se dio cuenta de la forma particular que tenía; se trataba de una piedra de alabastro blanco que, esculpida de manera bastante ruda, parecía imitar la figura de una mujer orando.

Perot cogió la figurita y se la llevó a la ciudad para mostrarla a las autoridades. Como era tarde y estaba todo cerrado, el agricultor tuvo que llevársela a casa y esperar al día siguiente. Cuando amaneció, dicha figurita había desaparecido ante el asombro de nuestro labrador. Perot la encontró nuevamente ese mismo día, en el mismo lugar, y la volvió a llevar a la ciudad. Este proceso se repite, y la pequeña imagen vuelve a desparecer de casa de Perot. Ante la insistencia del labrador, y pensando que estaba loco, el Consejo de la Ciudad le acompaña hasta el punto exacto del hallazgo de la imagen, y, allí, ocurrió el milagro: Perot y el Consejo encontraron a la figura rodeada de ángeles. Ante la celestial aparición el Consejo Municipal tomó la decisión de edificar una pequeña ermita en el lugar de la troballa. Esta historia de la Santa Troballa se encuentra reflejada en los lienzos que están junto al altar mayor del templo basilical.

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